Los peces abrazan en el mar de la nostalgia un vuelo de luciérnaga
La mirada aún tiembla cuando descubre recipientes con mariposas cautivas
Una voz celeste entre volcanes colorea cada mañana su sangre con fervor
Su cuerpo huele como el oro refinado con vestido de labranza otoñal.
En la hondonada el águila deja el último rasguño en el cielo crepuscular
Mientras el antiguo carrusel gira y gira
Precipitando en el agua marina el círculo de su frenesí.
Entre cerros y una planicie celeste un boomerang de plata la observa
Poco a poco otros soles multiplican el número como la arena del mar
A lo lejos Orión es parte de una vieja conversación.
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