El movimientoes una sucesión de inmovilidades;siempre hay un instante infinitesimalque ya no es.Finjo total inmovilidad y paralizo el instante presente. Busco en lamemoria dormida el último nexo y conecto tu presencia a mianhelo. Mi corazón bombea una onda violeta que se expandelentamente hacia el túnel que lleva a tu espejo; eclipseshermafroditas roban brillos lunares mientras cuerpos opacos de inciertaprocedencia lloran lágrimas de cuarzo.Nuestro amor se alimenta,no de una relación recíprocade presencias,sino de la comunión internade dos seres en los cualesel presente es siempre presenteen la memoria del tiempo.Sombra negra, te abates sobre mí; descarnada forma queensombrece mi ánimo desgajando notas, desencadenando errores.En postrer intento por ver tu imagen, alzo el brazo intentando apartarla muerte de la cicatriz que oculta tu nombre tras la otra soledad deldesengaño y la ceniza; mi yerto brazo rebota blandamente sobrela fría losa de mármol, fragmentando el lamento del loboherido.Perdido en la disyuntivadel fui,soyo seré,dejo constancia de mi quejatrascendiendo estados fosforescentesde la conciencia interna del Tiempo.La dimensión presentedel amor universal,de la muerte del cuerpono sería posiblesi no se vislumbrara en el horizontela posibilidad de ruptura.
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