Debimos haber amadocuando empezaba la siembraen aquellos surcos de oroa la orilla de la sierra,pero seguimos los pájarosy llegamos a una aldeallena de rapsodas tristesy obreros en conferencia,alli tu boca fue dulcey tu mirada fue tiernay la tibieza de tu almalibre de toda sospecha.¡Cuán quietos ahí estuvimos!y nuestras voces, ¡cuán trémulas!Aún pasaba el aguadorpor el borde de la acequia,aún sacudía el vientosuavemente las caléndulas.«Aquellos tiempos de pazindudablemente eranpara entregarse al amorsin mediar las consecuencias.»Pero la tarde se ahogabaen una fiebre discretay un cuerpo desvanecidopedía libertad completa.¡Y la nube creció grande!¡y tu boca creció inmensa!Carita de luna triste,espuma sobre la arena¿por qué no piensas en mi?¿por qué ya no me frecuentas?La gracia de los pastoressiente temor a la hogueray en las plumas fulgurantesde un gran colibrí se aleja,mi palabra sube al cieloondeando como banderay tus ojos no la mirany en el sol ella se quema.¡¿Adonde se van las almascuando nadie las recuerda?!
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