Ya no quisiera cantarporque mi voz ha dejadoun rastro de sombra negraen el blancor de tu paño.Por ti, me volví poeta,por ti, recorrió sonámbulo,en total desequilibrioel sueño de mi caballo.Aquella luz mañaneraque se despertó llorandosobre encendidos clavelesy delicados geranioscreciendo en los maceterosde moho y blanco pintados;ya no caerá nunca mássobre el ala de tus pájarosni matizará felizel verdor que hay en tus prados.Será una historia pasadade algo que vivió en tus campos,de algo que vibró en tus cuerdasal soplar vientos helados.Ya no quisiera cantar,los mástiles de mis barcosno pasearán sobre el verdede tus inmensos océanos.Mis peregrinos tampocoharán caso a los badajosque pegan sobre los broncesde tus campanarios altos.La noche de plenilunioal caer sobre tus lagosno escuchará los rumoresdel ruiseñor con sus cantos.Aspirarás el aromade las flores de amaranto,y entrecerrando los ojos...tal vez sientas que te falto.En tus pétalos rosados,por lluvias, ¡golpeados tanto!se reflejará el recuerdode un olvidado quebranto,y dirás: «Ferviente amigo,ven a mí, ¡te estoy llamando!hoy los pies de mi memoriaquieren de tu césped blandopara desandar caminosque hoy estaba recordando.»Yo estaré lanzando redesen relinchos de caballos,con escalofríos inmensosy los ojos extasiados.Yo estaré soñando yeguasde respiros agitados,bebiendo de blancas lunasselénicos rayos claros.El momento de tu ausenciame dará un sabor amargoy el brillo de tu memoriacomo un astro ya apagadono perturbará jamásmi ser desequilibrado.
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