Anoche sentí morirme.
Temí morirme
más supe, sin embargo,
que frente a los golpes del destino
no podía lamentarme
ni encerrarme en la cólera y las lágrimas
y hallé en el laberinto de mi vida
una estrecha salida
un excelente destino
y decidí que tenía que ser
el propio capitán de mi alma.
Con los poemas yo hilvano tus sueños,
mis sueños de bebernos a Dios cada mañana
y dormitar las tardes bajo un cocotero
aspirando tu alma femenina
y dejando que las gaviotas vuelen
en tu cielo, en tu universo.
Soy prisionero de tu jaula
que encarcela mis sueños
y de la distancia que muerde mi deseo
de detener el tiempo
para hablarte de los días felices
que me diste y que probablemente
ya no tendré.
Y supuse que si te quedabas esa noche
no moriría
y si me abrazabas en la cama, menos,
pero la mañana fue testigo de que
no estabas allí, estaba muriendo.
Me dolió no verte.
A veces me dueles tanto,
me duelen tus pesares,
tus desamores y tu tristeza
pero se que saldrás adelante
y así como sale el sol cada mañana
o el gorrión entra por mi ventana
resurgirás cuando menos lo espere.
Eso espero.
Espero dormir…muriendo.
Autor: José Luis Castillejos Ambrocio
joseluiscastillejos@gmail.com
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